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martes, 24 de marzo de 2009

El tiempo pone a todos en su sitio


Es cierto, las cosas caen por su propio peso y el tiempo pasa, está claro, pero tarde o temprano el tiempo se encarga de poner a cada uno en su lugar.


A lo largo de mi vida, por suerte o por desgracia, he pasado por muchas situaciones que me han hecho ser más fuerte y aprender de ellas, tambien he conocido a mucha gente, gente que me ha utilizado, me ha engañado, se ha aprovechado de mi, fallado... pero también gente que me quiere, me apoya y está a mi lado.


Y que hago?, me amargo?...pues no, aprendo de lo malo y me quedo con lo bueno.


He llegado a un punto que me cansó de ser buena y no recibir lo mismo a cambio. Así que soy buena con quien lo merece, ni más ni menos.

lunes, 23 de marzo de 2009

Ole los cojones de San Cucufato

Una vez más me ha salvado la vida San Cucufato así que se merece un post.
Nunca falla, hay gente que se rie, que no cree que esa "chorrada" funcione, y yo siempre contesto:............pruebaló y luego me cuentas.
Así que shhhhhhhhhhhhhhhh ¡prohibido reírse!......cuando pierdas algo di esta oración:
"San Cucufato, San Cucufato, los cojones te ato, y hasta que no me aparezca (lo que perdí) no te los desato"
Eso si cuando aparezca lo que perdimos tendrás que desaterle para que la siguiente ves funcione. "San Cucufato San Cucufato, los cojones te desato"

domingo, 22 de marzo de 2009

A través de los ojos de un niño


"Porque no hay caminos ni atajos que nos vuelvan al pasado
Tampoco hay horas... dias o minutos para llegar
Se esta o no se esta ...pero nadie nos puede regresar a él..."


Me gustaría observar la vida desde los ojos de un niño, saborear cada uno de los momento que nos depara y mirar dentro de nosotros cada vez que sentimos latir el corazón. Ver normal y aprender de situaciones que no lo son o por lo menos eso decimos los adultos.


Es recomendable apreciar las pequeñas cosas de la vida, porque un día podría mirar para atrás y descubrir que eran cosas grandes.




El niño de tus ojos ---- Rosario Flores


Nadie te quiere, nadie te quiere

En este mundo tu estas solito,

tu estas solito, tu estas solito

En ese cuerpo tan chiketito

Nadie te mira, nadie te habla

Nadie te da una esperanza

Pero el camino de la vida sigue

Tendes la mano luego sonríes

Hay yeyyeyye el niño de sus ojos q yo no olvidaré

Los llevo clavaito clavaito en mi sed

Porque no hice nada

Hay yeyyeyye m hablaron de un amor q yo no supe entender

Sus ojos se clavaron ay dentro d mi sed

Y no puedo olvidarlo

Ay que penita y ay que penita

Con esa cara ay tan bonita

Tan perdiito con sus cositas corrucaito en tu esquinita
Ya no hay mas lagrimas

Ni una palabra
El frío heló ya sus entrañas
Pero el camino de la vida sigue

Tendes la mano luego sonries


Hay yeyyeyye el niño de sus ojos q yo no olvidaré

Los llevo clavaito clavaito en mi sed

porque no hice nada

Hay yeyyeyye m hablaron d un amor q yo no supe entender

Sus ojos se clavaron ay dentro d mi sed

Y no puedo olvidarlo
Lloro al pensar donde acabarás lloro por sentir ay que lejos estoy de ti

Lloro porque ayer nunca supe ver

Y llorara mi corazón x este mundo sin amor

Hay yeyyeyye el niño de sus ojos q yo no olvidaré

Los llevo clavaito clavaito en mi sed

Porque no hice nada

Hay yeyyeyye m hablaron d un amor q yo no supe entender

Sus ojos se clavaron ay dentro d mi sed

Y no puedo olvidarlo

sábado, 21 de marzo de 2009

Deseos



¿Los deseos se cumplen?, típica pregunta..., no soy quién para asegurar nada, pero una cosa digo por propia experiencia, si deseas algo con fuerza acaba cumpliendose o por lo menos ves trazas de cumplirse y poniendo un poco de empeño acaba cumpliendose.



Los deseos ridículos


Charles Perrault




Érase un pobre leñador, tan cansado de su vida que, según se cuenta, tenía de morirse deseos, porque en ningún de los agradables que había alimentado se vio complacido. Cierto día fuese al bosque, y como era en él costumbre, comenzó a quejarse de su suerte, cuando se le apareció Júpiter con el rayo en la mano. Grande fue el espanto del leñador, quien arrojándose al suelo, murmuró:



-Nada quiero; nada deseo.



-No temas, le dijo Júpiter. Tantas son tus quejas que quiero convencerte de su falta de fundamento. No olvides mis palabras: verás realizados tus tres primeros deseos, sea lo que fuere lo que desees. Elige lo que pueda hacerte dichoso y dejarte completamente satisfecho, y como tu felicidad de ti depende, reflexiona bien antes de formular tus deseos.



Pronunciadas estas palabras, Júpiter desapareció; y el leñador, loco de contento, cargose la hacina, que no le pareció pesada, y dándole alas la alegría, volvió a su casa, diciéndose mientras tanto:



-He de reflexionar mucho antes de tener un deseo. El caso es importante y quiero tomar consejo de mi mujer.



Saltando entró en su cabaña gritando: -Mujercita mía, enciende una buena lumbre y prepara abundante cena pues somos ricos, pero muy ricos; y tanta es nuestra dicha que todos nuestros deseos se verán realizados.



Al oír estas palabras, la leñadora comenzó a hacer castillos en el aire, pero luego dijo a su marido:



-Cuidado con que nuestra impaciencia nos perjudique. Procedamos con calma y después de pensarlo bien, consultándolo antes con la almohada, que es buena consejera.



-Lo mismo opino; pero no perdamos la cena y tráete vino.



Cenaron, bebieron, y sentándose luego al amor de lumbre, el leñador exclamó, apoyándose con fuerza en el respaldo de su silla:



-¡Ajajá! Con este fuego nos hace falta una vara de salchicha. ¡Cuánto gustaría tenerla al alcance de mi mano!



Apenas hubo pronunciado estas palabras, su mujer vio con gran sorpresa una salchicha muy larga, que arrancando de uno de los ángulos de la chimenea se dirigió hacia ella serpenteando.


Lanzó un grito de espanto, pero cayendo luego en la cuenta de que la aventura era debida al ridículo deseo formulado por su marido, con él la emprendió agotando los dicterios.



-Hubiéramos podido tener oro, perlas, diamantes, vestidos excelentes, añadió, y eres tan necio que te se ha ocurrido desear semejante cosa.



-Cállate, mujer; reconozco mi falta y procuraré enmendarla.



-A buena hora calzas verdes; necesario es ser muy imbécil para hacer lo que has hecho.



Tanta fue la insistencia de la mujer, que el bueno del hombre perdió la calma, y como a pesar de sus súplicas ella no cejase, exclamó furioso:



-¡Maldita salchicha que te ha desatado la lengua; así te colgara de la nariz para que callaras!



Dicho y hecho, y la salchicha quedó colgada de la nariz de la esposa del leñador.



Realizado el deseo, quedose ella muda de asombro y él con la boca abierta y rascándose el cogote.





Restableciose el silencio, hasta que por último la mujer, que había perdido los bríos y no apartaba la mirada de la salchicha, murmuró:



-¿Y bien?



-Sólo falta formular el tercer deseo. Puedo transformarme en rey, pero ¿qué reina vas a ser tú con tres palmos de nariz? Elige, mujer: o reina con esa nariz más larga que una semana sin pan, o leñadora con una nariz como la que tenías.



Mucho discurrieron antes de resolver, pero como su mirada no podía apartarse de la salchicha y a cada gesto se movía como rama a impulsos del huracán, prefirió la leñadora quedarse sin trono a conservar las narices como antes; y formulado el deseo por el leñador, su mujer volvió a quedar como estaba, lo que no fue obstáculo para que se llevase la mano a la cara para convencerse de que la salchicha había desaparecido.



El leñador no cambió de posición, no se convirtió en un gran potentado, no llenó de escudos su bolsa y creyose muy dichoso empleando el último de los tres deseos en devolver a su esposa las narices que antes tenía.





Moraleja



¡Cuántos son los que con voces
llenan los cielos y tierra
y sin cesar de sus labios
se desprenden duras quejas!

!Cuán dichoso yo sería,
van diciendo, si pudiera
hacer esto o bien aquello!
-¡Hazlo!, la suerte contesta,
y en vez de crecer su dicha,
crecen a veces sus penas,
que sólo es dichoso el hombre
que con poco se contenta,
a su suerte se acomoda
y delirios no alimenta.